Para el amigo de los Montes de Toledo que nos ha enseñado a recitar a las estatuas y a llevar peineta
HOMENAJE, de María José Escudero
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He encontrado esta fotografía del encuentro en San Vicente de la
Barquera del 2017. A mí me gustan esas fotografías que captan un momento
y los protagonista no se dan ni cuenta. Son Javier Ximens, Sally y
María Jesús.
Un beso.
Hace unos meses me llamaste para contarme tu enfermedad. Lo hiciste con una entereza que apenas permitiste que se quebrara unos segundos. Zanjaste el lagrimeo con un «pero no te llamaba para esto, Zurdo». En parte sí, pero me llamabas sobre todo ilusionado para contarme tu proyecto, un legado que querías dejar al mundo del microrrelato. Era sencillo, en el marco de las convocatorias de ENTC, ibas a convocar el Premio Lince montesdetoledo, que premiaría al relato más original. Me lo remarcaste hasta el infinito, «Zurdo, ni el mejor ni el más bonito, el más original». El premio sería un lote de libros de microrrelatos, entre ellos todos los publicados hasta la fecha por Talentura. A cambio sólo me pedías una cosa, que formara parte del jurado. Por supuesto que te dije que sí. Por agradecimiento a tu generosidad, no sólo por comprarnos ese lote, sino por el apoyo constante a nuestra editorial. Y porque tú y yo compartíamos desde hace tiempo esa preocupación por la original...
Llevamos días pensando en ti y en Sally pero es importante decirlo, intentar atar con palabras y tinta lo que uno piensa, recuerda y hasta ha olvidado. Recuerdo cuando nos conocimos, en la Puerta del Sol, en una quedada de madrileños como ha habido otras; creo que es la única vez que te he visto sin Sally (a ella lo conocí más tarde, a las puertas de la Microbiblioteca, como tu musa lo que me pareció sencillamente genial); desde ese momento te oigo decirme (¿cuántas veces?) que “los lunes ecologistas tenían que estar en las escuelas” pero, sobre todo y siempre, recuerdo tu pasión, tú hablabas, teorizabas, opinabas y mil cosas más y yo te escuchaba un poco apabullada y otro poco sorprendida, incapaz. Esa pasión y el tiempo acabaron por convertirte en alguien grande y sabio, en alguien a quien tener muy en cuenta y escuchar. Y leyendo ahora a los compañeros, recupero un recuerdo que había perdido. Me olvidé del “Autoepitafio”; he corrido a leerlo buscándote y, sí, ahí estabas. ...
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